miércoles, 18 de febrero de 2015

"Debemos ser mucho más tajantes en el ostracismo a los maltratadores"


 "El sistema judicial no profundiza. Se observa solo la capa, el barniz, el empujón o unos insultos y no lo que esconden, verdaderas situaciones de maltrato de enorme gravedad tanto psicológico, como sexual o físico", denuncia la investigadora María Naredo.
"A menudo la única testigo es la víctima. Hay un déficit de pruebas importante que debe ser sustituido por una diligencia mucho mayor en los informes periciales para ayudar a esclarecer los hechos y a evidenciar las necesidades de protección de la víctima"
"Se dedica el doble del presupuesto a las campañas de reclutamiento del ejército que a las de violencia de género, que es, quizás, la mayor violación de derechos humanos que se comete en nuestro país".
María Naredo, jurista especializada en género y derechos humanos 
María Naredo es jurista e investigadora especializada en género y derechos humanos.

María Naredo es jurista e investigadora especializada en género y derechos humanos.
María Naredo Molero es jurista e investigadora especializada en género y derechos humanos. Coordinó en España la campaña de Amnistía Internacional 'No más violencia contra las Mujeres' y recala estos días en Vitoria-Gasteiz para repasar junto al tejido asociativo la aplicación efectiva de la Ley Integral de Violencia de Género tras diez años de vigencia. Es un taller englobado en la programación de La Escuela para la Igualdad y el Empoderamiento de las Mujeres, en el que se tratan los avances y retrocesos en la atención integral a las víctimas, desde las acciones en el ámbito el ámbito sanitario, la obtención de justicia o el derecho a la reparación. En su análisis esta experta reclama "menos postureo, menos discursos" y "más voluntad social y política traducida en euros para combatir la violencia de género". Se pregunta cómo a estas alturas es posible la impunidad social frente a los agresores y en ese sentido exige ser "mucho más tajantes en el ostracismo a los maltratadores".
Según los último informes, 14 de los 15 casos mortales en los que las mujeres habían interpuesto una denuncia, la Policía no halló indicios de peligro en su situación. De hecho, tenían una valoración de riesgo bajo o no apreciado. ¿Qué está fallando?
La valoración del riesgo se está realizando con unas metodologías que no son en absoluto fiables. Pero esas herramientas se pueden modificar. Lo más preocupante es que si en lo Policial se realiza la evaluación del riesgo en una parte de los casos, que no llega a ser nunca el 100%, en el ámbito judicial se realiza en una escasísima minoría de los casos. Esto es realmente grave. Nos podemos equivocar en la valoración del riesgo pero si ni siquiera hacemos valoración del riesgo, dónde vamos. El estado está fallando de manera evidente. La Ley integral con la creación hace diez años de los juzgados especializados quiso poner de relieve que estos casos son muy complejos. A menudo la única testigo es la víctima. Hay un déficit de pruebas importante que debe ser sustituido por una diligencia mucho mayor en los informes periciales, en recabar testigos y otra serie de pruebas periféricas que tiene que ayudar a esclarecer los hechos y a evidenciar las necesidades de protección de la víctima. No se ha ido haciendo porque se le sigue dando una importancia menor a los casos de violencia de género. La Ley no ha combatido este prejuicio. Los casos de violencia de género se siguen considerando como casos menores. A menudo se observa la capa o el barniz, un empujón o unos insultos pero no lo que esconden, verdaderas situaciones de maltrato de enorme gravedad tanto psicológico, como sexual como físico. El sistema judicial no profundiza en lo que hay debajo de esos insultos o de ese empujón. La puesta en marcha de la Ley requiere una revisión a fondo.
"Las mujeres denuncian poco y por eso no se les puede ayudar". Esas fueron las polémicas palabras de la exministra Ana Mato que fueron después apoyadas por la responsable del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, Ángeles Carmona. ¿Trasladar así parte de la responsabilidad a las propias víctimas es un desatino?
Total. Tenemos que salir de esas lógicas, de esos discursos. Se vuelve a responsabilizar a las mujeres de lo que les está pasando. Hay que hacerse otras preguntas. El estado no son solo los jueces y la Policía. Las mujeres que luego fueron asesinadas y no denunciaron previamente ¿habían ido a su médica de cabecera?; ¿por qué no se las identificó como posibles víctimas?; ¿cuál está siendo el rol del sector sanitario?; ¿tenían hijos e hijas en edad escolar? y si es así ¿cuál es el rol de las escuelas con los hijos e hijas de las víctimas que muy a menudo evidencian también que la violencia a través de sus síntomas?; ¿cuál está siendo la implicación de otras esferas de lo estatal?. La Ley integral responsabilizó de manera muy importante al sector sanitario, porque hay datos que nos dicen que si bien sólo una cuarta parte de las víctimas interponen denuncia, el 100% acuden a su médico con dolencias sin especificar. Ante ellas, una profesional con formación puede identificar a una víctima que no confiese que está siendo maltratada. ¿Por qué los responsables políticos no hablan del rol de esos otros sectores y por qué no nos preparamos para coadyuvar desde ellos? Debemos reflexionar sobre todo esto para ofrecer respuestas más eficaces contra esta lacra.
Las que sí denuncian ¿tienen garantizada su protección?
Esa es otra pregunta clave. ¿Qué está pasando con las mujeres que sí denuncian? Cuando llegan a lo judicial han roto muchas barreras internas, de presiones familiares. “No destapes esto", "no irás a meter en la cárcel a quien fue tu marido”, son las frases que les repiten. Estas mujeres rebasan todo esto y qué se encuentran después. Muchas no son creídas, o se archiva su caso o se absuelve al agresor por falta de pruebas en una instrucción que no ha sido completa. Tenemos que reflexionar como activistas y profesionales. En estos temas se insiste una y otra vez en la sensibilización, en la concienciación pero hay que poner más énfasis en la formación. Es absolutamente indispensable que estos profesionales que trabajan en estos ámbitos tan sensibles, un juez, un fiscal, un abogado... sean profesionales con suficiente formación.
Las campañas se dirigen mayoritariamente a las víctimas, no hacia los maltratadores. ¿Es acertado este enfoque?
Se está muy acostumbrado a decirle a las mujeres lo que tienen que hacer – como en tantos ámbitos- y a que sean las mujeres las que lleven la mochila sobre sus hombros. ¿Qué sucede con los potenciales agresores?  Hemos de replantearnos la  población diana, a quién dirijo el mensaje. Tenemos de aprender de los países escandinavos, de las numerosas campañas bien dotadas económicamente y dirigiendo los mensajes a la población masculina. Ese es otro de los retos pendientes. Pero por otra parte, el análisis de las campañas evidencia cuáles son las prioridades para el Gobierno. ¿Cuál es el gasto que el Gobierno central está dedicando a las campañas contra la violencia de género y a la evaluación de los resultados? Se dedica el doble del presupuestos a las campañas de reclutamiento del ejército y para la mejora de la imagen del ejército que para las campañas contra la violencia de género, que es quizás la mayor violación de derechos humanos que se comete en nuestro país. La cuantía nos dice algo respecto de las prioridades del Gobierno. Pero después analicemos la extensión de estas campañas. Frente a las campañas de seguridad vial u otras anuales, que se extienden del uno de enero al 31 de diciembre, las campañas contra la violencia machista no duran ni un mes, del 26 de noviembre a mediados de diciembre y no se dedica ni un euro a evaluar sus resultados.
Las mujeres nos hablan de lo 'revictimizantes' que pueden ser las medidas de protección para ellas. Hay que buscar una solución. Puede ser diversa pero, por supuesto, en los agresores penados, un sistema de seguimiento se impone.
Hay propuestas que plantean ponerles a los agresores el seguimiento, perseguirles a ellos puesto que para ellas es añadir a su padecimiento un señalamiento público, ¿qué opinión le merecen?
Hay un problema grave con agresores que continúan amenazando tras pasar un proceso judicial. Esto tiene que ver con el derecho de las víctimas a la reparación y con las garantías de no repetición de los abusos. Los agresores siguen ahí. Hay que poner algún tipo de remedio para que el coste de todo esto no lo sufran las mujeres. ¿Qué calidad de vida tiene las víctimas de maltrato incluso después de haber recorrido todo el proceso judicial? ¿Qué calidad de vida tiene una mujer que lleva ese GPS que le pita en numerosas ocasiones, que parece que es ella la controlada? Las mujeres nos hablan de lo 'revictimizantes' que pueden ser estas medidas para ellas. Hay que buscar una solución. Puede ser diversa pero, si esto no está funcionando y así nos lo hacen saber muchas mujeres, hay que plantearse otras vías y por supuesto, en los agresores penados, un sistema de seguimiento se impone.
¿El machismo sostiene la violencia?
Por supuesto. Hemos de seguir hablando de las raíces de esta violencia. Yo suelo poner como ejemplo el de un agresor, con orden de protección y denuncia interpuesta, que semanas antes de acabar con su víctima se jactaba de que la iba a matar en el bar mientras tomaba una cerveza. ¿Cómo es posible esa impunidad social? Debemos poner coto y ser muchos más tajantes en el ostracismo a los agresores. Cuando hablo de ostracismo no me refiero a empujar al maltratador a una isla desierta sino mantener una firme y unánime posición social frente al machismo en todos sus grados, desde el más leve hasta el más grave. Si el contexto social sigue siendo de tolerancia, la violencia machista va a seguir ahí.
Se oía en el Congreso hace dos días, en violencia de género no vale el 'postureo', ¿cree usted que hay 'postureo'?
Hay mucho discurso entre los políticos y en la sociedad en general pero la voluntad real para revertir esto y el compromiso real con las víctimas falla. Frente a las víctimas no puede haber permanentes juicios de valor, dudas ... tiene que haber un posicionamiento de cierre de filas igual que lo hay respecto a las víctimas de otros delitos o del terrorismo. Estamos acostumbrados demasiado a menudo a oír cómo se ningunea, cómo se crítica a las propias víctimas en sus actuaciones, en sus expectativas … y esto es un regalo a los agresores. Tiene que haber un cierre de filas y una voluntad política traducida en euros. No solamente en juzgados especializados sino en formación de profesionales y prevención, uno de los ámbitos que ha sido la hermanita pobre de la Ley.

viernes, 13 de febrero de 2015

Andereak elkarteko partaideok, berriz ere, irmoki gaitzesten dugu Durangon egon diren azkenengo 2 eraso matxistak.


Gogoratu, ostegunero lez  indarkeria matxistaren kontrako agerraldia egingo dugula 20:00etan Durangoko Andra Marin. Gizartearen eraldaketa prozesuetan parte hartzen duzuen sentsibilitatedun gizon eta emakume guztiok gurekin elkartzera gonbidatzen zaituztegu


La asociación Andereak, de nuevo, condenamos contundentemente las dos últimas agresiones machistas en Durango.
Recordamos que todos los jueves  protestamos contra la violencia machista a las 8 en Andra Mari  Invitamos a acompañarnos a todas las personas sensibilizadas e implicadas en procesos de transformación social.

jueves, 12 de febrero de 2015

Concentración contra la violencia hacia las mujeres / Emakumeenganako biolentziaren aurkako elkarretaratzea

Recordar que hoy, como todos los jueves, concentración contra la violencia de género a las 20:00horas en el portico de Santa Maria.


Gogorarazten dizuegu, gaur eta ostegunero genero biolentziaren aurkako elkarretaratzeak  egingo dituztela, Andra Mari eleizpean arratzaldeko 8etan.

 

miércoles, 28 de enero de 2015

Grecia: en las elecciones del domingo faltó el color morado

Traducción del editorial de la revista feminista griega To Mov sobre la presencia de los derechos de las mujeres en la campaña electoral realizada por Isabel Cadenas Cañón y Doris Gutiérrez

El comité editorial de la revista del movimiento autónomo, Το Μωβ (To Mov, que significa "Morado" en griego) publicó un editorial que denuncia la falta de atención que se ha prestado a los derechos de las mujeres en la campaña electoral que se ha vivido en Grecia en las últimas semanas. ‘Grecia: en las elecciones del domingo falta el color morado’

No somos un partido, y no escribimos en apoyo a ningún partido en las próximas elecciones, pero somos ciudadanas activas e interesadas en cuanto se dice y se hace. Nosotras, miembras del comité editorial de To Mov y de su revista electrónica, simplemente nos preguntamos acerca del momento. Porque estamos muy interesadas en muchos problemas que, o no se discuten, o se esconden deliberadamente en los debates preelectorales en los medios de comunicación.
Creemos que los intereses cotidianos de las personas están siendo eclipsados por un discurso cuyas prioridades no se corresponden con lo que afecta a sus vidas –y el resultado de las próximas elecciones va a tener un gran impacto en esas vidas–. No hay duda de que el tema económico es clave y decisivo para la ciudadanía, puesto que constituye la base del bienestar social en la sociedad capitalista contemporánea, en la que la producción de mercancías y servicios son la base de la vida social. Pero ¿qué significa exactamente esa producción de mercancías y servicios y de qué manera se calcula su magnitud económica?
Desde los partidos políticos nunca se habla del trabajo no remunerado de las mujeres en los hogares, en la familia, en los negocios familiares, en las granjas. Sólo un ejemplo: una enfermera en el hospital de Evangelismos cuida a las personas enfermas y gana un salario por este trabajo –si bien su remuneración es de media un 25% más baja que la de sus colegas hombres–. Pero la hija de Juan, que está en el mismo hospital, junto a la cama del padre, haciendo casi el mismo trabajo que la enfermera, no recibe ningún salario y, de hecho, su trabajo ni siquiera se considera trabajo. El trabajo de un restaurante se considera un negocio y se incluye en el cálculo del PIB. La mujer que cocina cada día para su familia, a menudo después de haber trabajado fuera de casa, tampoco es considerada una trabajadora, y su actividad no se incluye en el PIB.
Las mujeres nos enfrentamos, hoy, a las repercusiones del colapso del estado social y del sistema nacional de salud, que nos obligan a remplazar los cuidados sociales que antes proporcionaba el Estado por nuestro propio trabajo –ya que, por desgracia, los hombres no comparten tales responsabilidades–. La violación de nuestros derechos laborales permite que los empleadores actúen de manera arbitraria y discriminatoria, a la vez que se reducen las estructuras de apoyo a las víctimas de violencia machista o del tráfico de mujeres. Si bien esto ya sucedía durante la crisis, el deterioro durante los últimos 4 años es significativo.
Hay temas de los que no se ha oído hablar en la campaña electoral: la desigualdad salarial, la violencia machista, el trabajo doméstico no remunerado. Ni siquiera hemos oído promesas de cambio sobre ninguno de estos temas. En el mismo sentido, algunos partidos políticos proclaman la redistribución de los recursos entre personas ricas y pobres, pero todos se olvidan, sistemáticamente, de la redistribución entre hombres y mujeres, a pesar de que esta desigualdad está documentada y calculada –y eso dejando de lado el trabajo doméstico no remunerado–.
Ante los discursos de economistas sobre temas "serios", las mujeres nos sentimos culpables y llegamos a pensar que se trata de asuntos diferentes que sólo pertenecen a la cotidianeidad, que sólo se discuten en el ámbito personal. Pero dejemos de lado, por un segundo, al patriarcado y las diferencias de género: ¿Por qué no hemos oído nada sobre cultura durante los días previos a las elecciones? ¿Acaso la cultura no es un elemento necesario? ¿acaso a la cultura no le influyen las decisiones políticas, tanto económica como ideológicamente?¿o acaso los derechos humanos, de los que se ha hablado tan poco durante la campaña, no guardan relación con los acontecimientos políticos? Hay más de 4.000 migrantes indocumentadas detenidas. Son tanto hombres como mujeres, pero este tema sólo ha despertado el interés en los debates o en los discursos públicos para criminalizar a estas personas.
Sale un anuncio en la televisión: unas personas ancianas hablan sobre el recorte a sus pensiones y de que no pueden pagar sus medicinas, pero no hay ninguna referencia al aspecto psicológico, o a la soledad en la que viven hoy, en Grecia, la tercera edad. En el tema de armamento, es decir, en el tema del dinero y de la muerte, los partidos parecen estar todos de acuerdo con la necesidad de la ingente cantidad de armamento que tiene en este momento nuestro país. Es cierto que algunas mujeres, durante la campaña electoral, se han referido a estas cuestiones, pero su discurso se toma como un discurso devaluado y, en última instancia, irrelevante respecto a las "prioridades" actuales. Si las cuestiones sociales nunca han sido una prioridad, hoy lo son menos aún.
En el lado opuesto está, por ejemplo, el discurso de la Iniciativa Feminista de Suecia, que consiguió un 5% en las últimas elecciones y cuyo programa incluía todas las demandas sobre derechos de las mujeres y derechos humanos. Esperemos que a Grecia le llegue, también, este momento, estas ideas o, incluso, ese tipo de estructuras. Mientras tanto, el sábado nos iremos a dormir con un parlamento formado por el 21% de mujeres, si bien las mujeres constituimos el 51% del censo electoral. Y nos preguntaremos si, cuando despertemos, el parlamento conseguirá tener una representación igualitaria de mujeres y de hombres, o si seguirá exactamente igual.
Un artículo pasado de nuestra revista sobre Alexandros Papanastasiou habla de cómo los derechos de las mueres y el derecho al voto femenino está presente en la esfera política desde principios del s. XX. Desde entonces hemos ganado muchos derechos, pero seguimos siendo minoría en los lugares de toma de decisión, siendo el parlamento el mayor ejemplo. A pesar de todo esto, seguimos luchando por un cambio en la composición del futuro parlamento, seguimos reclamando más mujeres electas: mujeres que tengan un discurso global, que apoyen los derechos y el igual bienestar de toda la ciudadanía, hombres y mujeres.
Votamos por las mujeres.
Votamos por aquellas mujeres que no necesitan plegarse al discurso y al rol masculino dominante para ser reconocidas.
Madrid, 27 ene. 15. AmecoPress / Diagonal.

viernes, 16 de enero de 2015

El origen de la palabra “feminista”

Incontables veces, me preguntan: ¿Por qué en lugar de “feminista” no te reivindicas como “humanista” o “igualitarista”? ¿No era que el feminismo era un humanismo? 
SociedadOpiniónHistoriaFeminismoMovimiento feministaMadrid, Jueves 15 de enero de 2015, por Sonia Vaccaro (*)

Madrid, 15 ene. 15. AmecoPress.- Existen dos razones principales.
El movimiento humanista no ha defendido históricamente la igualdad entre varones y mujeres. Muchos humanistas eran también grandes misóginos. Tomemos el ejemplo del iniciador de los Juegos Olímpicos modernos, el francés Pierre de Coubertin. Está asociado en todo el mundo a los ideales de paz y de igualdad supuestamente celebrados por los Juegos.
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En realidad, su concepto de igualdad se limitaba a la igualdad entre los varones: consideraba que los Juegos Olímpicos debían ser vedados a las mujeres, porque su participación sería “no práctica, ininteresante, antiestética e (…) incorrecta”. Los Juegos, pensaba, deben buscar “la exaltación solemne y periódica del atletismo macho con el internacionalismo como base, la lealtad como medio, el arte como marco y el aplauso femenino como recompensa”.
Y sin embargo, todavía hoy en día, se considera a ese misógino como un gran humanista, y muchos estadios, gimnasios, etc., llevan su nombre.
¿Y qué pensar de los masones, estos humanistas destacados, que celebran la libertad, la tolerancia, la justicia social, la paz, pero que en sus estatutos rechazaban a “los siervos y las mujeres”, y entre quienes todavía hoy en día perdura la idea de que las logias no deben ser mixtas?
El humanismo nunca fue ninguna garantía para las mujeres. Hizo falta un movimiento específico de defensa de los derechos de las mujeres para que ellas pudieran ser consideradas ciudadanas y gozar de los mismos derechos que los varones (derecho de votar, de trabajar, de tener una cuenta bancaria. de viajar, de tener o no hijxs, de compartir la patria potestad, de casarse, de divorciar, de tener el mismo salario que ellos, de ser dueñas de su cuerpo, cosas que hoy en día, todavía no están garantizadas).
Entonces sí, el feminismo es un igualitarismo, pero la palabra “feminista” permite visibilizar a las mujeres y su lucha específica, y subrayar el hecho de que son ellas las primeras víctimas del patriarcado. El feminismo lucha por la igualdad entre varones y mujeres, pero esa igualdad se alcanzará cuando se deje de oprimir, maltratar, denigrar a las mujeres, y cuando se acaben con los estereotipos de género que atribuyen a unas y otros cualidades distintas.
Si bien los varones también son “víctimas relativas” del patriarcado, ellos salen favorecidos en la ecuación, aunque les cueste reconocerlo, porque no siempre se sienten favorecidos (evidentemente, existen otras opresiones, de clase, de raza, que los afecta también, y les impiden ver que ante una mujer que esté en las mismas condiciones que ellos, ellos siempre tendrán las de ganar).
Pero hacer de las mujeres el centro de la lucha por la igualdad de género es una manera de recordar que si bien los varones también sufren por el sexismo, las primeras víctimas, a las que liberar en prioridad del yugo patriarcal, son las mujeres.
La otra razón tiene que ver con la historia de la palabra “feminista” ¿Cuál es el origen de la palabra feminista?
La palabra nació en Francia en el siglo XIX. Durante mucho tiempo, se pensó que la palabra había sido inventada por el filósofo socialista (y favorable a la igualdad entre varones y mujeres) Charles Fourier, quien presenció los inicios del movimiento feminista moderno allá por 1830.
Pero al parecer, se trata de un error. En realidad, el término ya se usaba en medicina. Designaba un trastorno de desarrollo en los varones, que afectaba su “virilidad” y les hacía parecer femeninos.
Pero el primero en usar ese término para designar a las mujeres que luchaban por sus derechos fue en realidad el escritor francés Alexandre Dumas hijo. En 1872, publica “El hombre-mujer”, en el que se burlaba: “Las feministas, perdón por el neologismo, dicen: todo lo malo viene del hecho de que no se quiere reconocer que la mujer es igual al varón, que hay que darle la misma educación y los mismos derechos que al varón”.
A partir de ese neologismo, la palabra se difundió como una manera despreciativa de designar a las mujeres que luchaban por sus derechos.
Hubertine Auclert (1848-1914)
Hasta que la sufragista francesa Hubertine Auclert se apropió de la palabra en 1882, del mismo modo que las personas “queer” se apropiaron de ese término, que en un principio era una manera negativa de designar a las personas “raras”.
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Reivindicarme “feminista” es una manera de honrar a todas aquellas que me precedieron, lucharon, sufrieron y a veces murieron por que las mujeres tengan los mismos derechos que los varones.
La gente piensa que los derechos fueron adquiridos por arte de magia, o porque algunos varones fueron muy muy generosos y decidieron, en su inmensa bondad, ceder derechos a las mujeres.
Pues no. Las mujeres consiguieron el derecho de voto luchando, peleando, manifestándose, siendo reprimidas, encarceladas, tildadas de locas, de histéricas, exactamente como se tilda de locas e histéricas a las feministas actuales.
Por todas estas mujeres que me precedieron (como Hubertine Auclert, de quien se recordará el centenario del fallecimiento el 4 de agosto próximo) y gracias a las cuales hoy en día soy una ciudadana que goza de casi los mismos derechos que los varones, me reivindico y me reivindicaré siempre Feminista.
Con mucho orgullo y a mucha honra. Como lo deberían hacer todas las mujeres que hoy, gozan de esos derechos sin siquiera preguntarse gracias a quién, y que luego escupen sobre el feminismo y hasta afirman no necesitarlo.
Algunas fuentes (en francés)
Geneviève Fraisse, “Muse de la raison. Démocratie et exclusion des femmes en France”. Texto completo. http://clio.revues.org/482.
Geneviève Fraisse, “FÉMINISME – Histoire du féminisme”, Encyclopædia Universalis Extracto. http://www.universalis.fr/encyclopedie/feminisme-histoire-du-feminisme/
(*) Red de Profesionales contra la Violencia de Género

jueves, 15 de enero de 2015

El feminismo no asesina

"Y si a ustedes esa situación de desigualdad les parece justa, allá ustedes, pero les recuerdo que el feminismo no asesina. El patriarcado machista sí"
, Martes 13 de enero de 2015, por Teresa Mollá CastellsOntinyent - Valencia, 02 ene. 15. AmecoPress.- Que nadie se alarme por el título de este último artículo del año. Esta madrugada alguien me ha etiquetado en un tuit en el que se hablaba del genocidio del feminismo del siglo XXI.
Me ha dado la risa y la idea de cómo comenzar este último artículo del año. Comenzaré diciendo que, al menos para mí, hay tantos feminismos como personas feministas, puesto que aunque los objetivos son comunes la forma en que cada persona lo vive y lo practica es única.
Precisamente por esta cualidad unas personas feministas lo practican en el ámbito académico, otras en el laboral, otras en el intelectual, otras desde el anonimato militante, otras en las redes sociales y así un largo etc. que nos enreda y fortalece multiplicando el discurso para poder llegar a todos los ámbitos.
En el año que acaba hemos vivido una de las mayores movilizaciones de las mujeres en el Estado Español para frenar la barbaridad que pretendía imponer el ya (afortunadamente) ex-Ministro Gallardón: la reforma de la ley del aborto que nos devolvía a las cavernas en materia de derechos sexuales y reproductivos y sobre el derecho a decidir de las mujeres sobre su propia maternidad y su propio cuerpo. En su momento comenté mi opinión sobre los verdaderos motivos de la dimisión de Gallardón y que no fue únicamente la retirada de la ley que pretendía imponer con el rodillo de su mayoría absoluta en el parlamento.
La movilización sostenida de mujeres de toda clase y condición y la demostración pública de nuestro rechazo visibilizada en la gran manifestación que tuvo lugar en Madrid el 1 de febrero, fue una potente inyección de ánimos para no desfallecer en ningún ámbito y para fortalecernos y retroalimentarnos en nuestras propias convicciones feministas.
La necesidad del feminismo y de todas las personas feministas ya no se puede poner en duda puesto que los objetivos a combatir siguen vigentes. Las desigualdades entre mujeres y hombres en todos los ámbitos no sólo no desaparecen, sino que van aumentando con las medidas que este desgobierno facha está tomando con la excusa de esta estafa llamada crisis. Y, por tanto desde las diferentes militancias que cada cual lleva en su vida, ha de integrar la de la igualdad real entre mujeres y hombres, de lo contrario, esas militancias no me sirven.
No me sirven propuestas de modelos económicos alternativos si no se contemplan medidas específicas de apoyo a las familias para que sobre todo las mujeres, pero también los hombres, podamos conciliar de verdad nuestra vida laboral, familiar y personal. Tampoco me sirven modelos laborales en donde la igualdad sea sólo aparente y no se llegue al origen de las verdaderas desigualdades internas e inherentes a la condición de persona trabajadora. Tampoco me sirven discursos políticos, sean del signo que sean, en donde la igualdad se reduzca a algo de maquillaje para acallar posibles voces discordantes y punto. No, todo eso ya lo hemos vivido en muchas ocasiones.
La traición sistemática e histórica hacia los derechos humanos de las mujeres hace necesaria la militancia feminista en todos los ámbitos de la vida. De ahí la importancia de la suma de las diferentes y legítimas voces feministas de todo signo y condición. No me vale con que sólo las opiniones más consideradas sean las únicas referentes. Hemos de aprender a escuchar las voces de mujeres anónimas que nos dan cada día lecciones de trabajo militante desde su realidad. Y las llamo anónimas porque sus nombres no aparecen en las redes sociales o en las listas de partidos políticos u otro tipo de organizaciones, pero su trabajo de militancia cotidiana les otorga todo mi respeto y admiración.
De mujeres y de hombres, porque el discurso de la necesidad de la igualdad también va calando entre los hombres que ya comienzan a ver que con sistemas igualitarios salimos ganando todas las personas.
Es importante tener personas referentes a las que acudir en algunos momentos, pero considero más importante la observación cotidiana del trabajo continuado de la gente y aprender de ella. Y en ese sentido esta semana leía un artículo que me provocó rabia puesto que al hablar del año que acaba se refería a él como "el año de las mujeres". Lo leí y la decepción dio paso a la rabia. En él se comentaba que había habido más mujeres en todos los ámbitos y todos los nombres que se exponían eran, obviamente, nombres de mujeres conocidas. Incluso el nombre de Malala fue utilizado con ese fin. Y me enfadé, porque el 2014 no ha sido el año de las mujeres en el sentido que pretendía el artículo.
Este año, en todo caso fue el de la manifestación explícita de la necesidad de la lucha feminista para frenar mayores retrocesos en nuestros derechos humanos en todos los aspectos y ámbitos. Fue el año de las mujeres anónimas, de las que salieron a la calle para frenar la reforma de la ley del aborto. Las que se concentran cada mes y cada vez que se nos asesina a una mujer porque el terrorismo machista no se detiene y lo que es peor, cuenta con silencios cómplices de demasiada gente implicada. Silencio por parte de quienes nos desgobiernan que recortan recursos en actuaciones, sensibilización y formación. Con el silencio de los de las faldas largas y negras que con su discurso misógino alientan desde confesionarios y púlpitos a aguantar esas situaciones. Y con el silencio y las actuaciones de algunas gentes de los frufrús que con sentencias muy cuestionables llegan incluso a justificar este tipo de terrorismo que se ha llevado por delante de forma injustificada la vida de más de setenta mujeres. Y estos son sólo algunos silencios, pero hay más, muchos más. Y todo ello sin contar el sufrimiento de las otras víctimas, las mujeres que lo sufren en la intimidad paralizadas por el miedo y por su propia cárcel invisible llamada dependencia emocional.
Dentro de unos días iniciamos un año con varios procesos electorales en los que las diferentes fuerzas políticas nos van a vender de nuevo en sus campañas diversas medidas para "mejorar" la situación. Pero seguramente se olvidarán que la situación no se mejorará si se olvidan de la desigualdad existente de más de la mitad de la población que vive en peores condiciones que la otra mitad. Y para mí eso es fundamental.
El feminismo denuncia esa situación de desigualdad real todavía existente en nuestras sociedades. Y esto es considerado por demasiada gente como un atentado contra el poder establecido que sigue siendo patriarcal y, por supuesto androcéntrico. Por eso hay demasiada gente empeñada en criminalizar la militancia feminista, porque supone un peligro a los privilegios heredados a lo largo de la historia por la mitad de la población. Y esto es injusto desde cualquier punto de vista. O por lo menos para mí lo es.
Y, por supuesto, y a pesar de lo que algunos se empeñen en denunciar, el feminismo no asesina a nadie, porque busca igualar situaciones y desmontar privilegios para que mujeres y hombres salgamos ganando. El temor de quienes nos acusan a las feministas es el de perder su poder sobre las instituciones, comenzando por las familiares y envolverse con la capa del victimismo. Y miren señores troles, eso no cuela. Nos acusan de ser feministas radicales. Pues yo les digo que si el término radical tal y como viene en el diccionario de la RAE y en su primera acepción "es un adjetivo relativo o perteneciente a la raíz", pues sí, somos radicales porque vamos a la raíz del problema para solucionarlo. Y esa raíz se llama patriarcado que conlleva privilegios para la mitad de la población en detrimento de la otra mitad.
Y si a ustedes esa situación de desigualdad les parece justa, allá ustedes, pero les recuerdo que el feminismo no asesina. El patriarcado machista sí.
Esperemos que el año que vamos a comenzar sea rico en cambios que igualen y nos permita seguir enriqueciéndonos con las aportaciones de todo tipo que las personas comprometidas con la igualdad. Y que seamos capaces de echar a este desgobierno por habernos llevado a las mujeres en particular y a la gran mayoría de la sociedad en general a una situación peor de lo que estábamos cuando llegaron.
Feliz 2015 militante.