miércoles, 28 de enero de 2015

Grecia: en las elecciones del domingo faltó el color morado

Traducción del editorial de la revista feminista griega To Mov sobre la presencia de los derechos de las mujeres en la campaña electoral realizada por Isabel Cadenas Cañón y Doris Gutiérrez

El comité editorial de la revista del movimiento autónomo, Το Μωβ (To Mov, que significa "Morado" en griego) publicó un editorial que denuncia la falta de atención que se ha prestado a los derechos de las mujeres en la campaña electoral que se ha vivido en Grecia en las últimas semanas. ‘Grecia: en las elecciones del domingo falta el color morado’

No somos un partido, y no escribimos en apoyo a ningún partido en las próximas elecciones, pero somos ciudadanas activas e interesadas en cuanto se dice y se hace. Nosotras, miembras del comité editorial de To Mov y de su revista electrónica, simplemente nos preguntamos acerca del momento. Porque estamos muy interesadas en muchos problemas que, o no se discuten, o se esconden deliberadamente en los debates preelectorales en los medios de comunicación.
Creemos que los intereses cotidianos de las personas están siendo eclipsados por un discurso cuyas prioridades no se corresponden con lo que afecta a sus vidas –y el resultado de las próximas elecciones va a tener un gran impacto en esas vidas–. No hay duda de que el tema económico es clave y decisivo para la ciudadanía, puesto que constituye la base del bienestar social en la sociedad capitalista contemporánea, en la que la producción de mercancías y servicios son la base de la vida social. Pero ¿qué significa exactamente esa producción de mercancías y servicios y de qué manera se calcula su magnitud económica?
Desde los partidos políticos nunca se habla del trabajo no remunerado de las mujeres en los hogares, en la familia, en los negocios familiares, en las granjas. Sólo un ejemplo: una enfermera en el hospital de Evangelismos cuida a las personas enfermas y gana un salario por este trabajo –si bien su remuneración es de media un 25% más baja que la de sus colegas hombres–. Pero la hija de Juan, que está en el mismo hospital, junto a la cama del padre, haciendo casi el mismo trabajo que la enfermera, no recibe ningún salario y, de hecho, su trabajo ni siquiera se considera trabajo. El trabajo de un restaurante se considera un negocio y se incluye en el cálculo del PIB. La mujer que cocina cada día para su familia, a menudo después de haber trabajado fuera de casa, tampoco es considerada una trabajadora, y su actividad no se incluye en el PIB.
Las mujeres nos enfrentamos, hoy, a las repercusiones del colapso del estado social y del sistema nacional de salud, que nos obligan a remplazar los cuidados sociales que antes proporcionaba el Estado por nuestro propio trabajo –ya que, por desgracia, los hombres no comparten tales responsabilidades–. La violación de nuestros derechos laborales permite que los empleadores actúen de manera arbitraria y discriminatoria, a la vez que se reducen las estructuras de apoyo a las víctimas de violencia machista o del tráfico de mujeres. Si bien esto ya sucedía durante la crisis, el deterioro durante los últimos 4 años es significativo.
Hay temas de los que no se ha oído hablar en la campaña electoral: la desigualdad salarial, la violencia machista, el trabajo doméstico no remunerado. Ni siquiera hemos oído promesas de cambio sobre ninguno de estos temas. En el mismo sentido, algunos partidos políticos proclaman la redistribución de los recursos entre personas ricas y pobres, pero todos se olvidan, sistemáticamente, de la redistribución entre hombres y mujeres, a pesar de que esta desigualdad está documentada y calculada –y eso dejando de lado el trabajo doméstico no remunerado–.
Ante los discursos de economistas sobre temas "serios", las mujeres nos sentimos culpables y llegamos a pensar que se trata de asuntos diferentes que sólo pertenecen a la cotidianeidad, que sólo se discuten en el ámbito personal. Pero dejemos de lado, por un segundo, al patriarcado y las diferencias de género: ¿Por qué no hemos oído nada sobre cultura durante los días previos a las elecciones? ¿Acaso la cultura no es un elemento necesario? ¿acaso a la cultura no le influyen las decisiones políticas, tanto económica como ideológicamente?¿o acaso los derechos humanos, de los que se ha hablado tan poco durante la campaña, no guardan relación con los acontecimientos políticos? Hay más de 4.000 migrantes indocumentadas detenidas. Son tanto hombres como mujeres, pero este tema sólo ha despertado el interés en los debates o en los discursos públicos para criminalizar a estas personas.
Sale un anuncio en la televisión: unas personas ancianas hablan sobre el recorte a sus pensiones y de que no pueden pagar sus medicinas, pero no hay ninguna referencia al aspecto psicológico, o a la soledad en la que viven hoy, en Grecia, la tercera edad. En el tema de armamento, es decir, en el tema del dinero y de la muerte, los partidos parecen estar todos de acuerdo con la necesidad de la ingente cantidad de armamento que tiene en este momento nuestro país. Es cierto que algunas mujeres, durante la campaña electoral, se han referido a estas cuestiones, pero su discurso se toma como un discurso devaluado y, en última instancia, irrelevante respecto a las "prioridades" actuales. Si las cuestiones sociales nunca han sido una prioridad, hoy lo son menos aún.
En el lado opuesto está, por ejemplo, el discurso de la Iniciativa Feminista de Suecia, que consiguió un 5% en las últimas elecciones y cuyo programa incluía todas las demandas sobre derechos de las mujeres y derechos humanos. Esperemos que a Grecia le llegue, también, este momento, estas ideas o, incluso, ese tipo de estructuras. Mientras tanto, el sábado nos iremos a dormir con un parlamento formado por el 21% de mujeres, si bien las mujeres constituimos el 51% del censo electoral. Y nos preguntaremos si, cuando despertemos, el parlamento conseguirá tener una representación igualitaria de mujeres y de hombres, o si seguirá exactamente igual.
Un artículo pasado de nuestra revista sobre Alexandros Papanastasiou habla de cómo los derechos de las mueres y el derecho al voto femenino está presente en la esfera política desde principios del s. XX. Desde entonces hemos ganado muchos derechos, pero seguimos siendo minoría en los lugares de toma de decisión, siendo el parlamento el mayor ejemplo. A pesar de todo esto, seguimos luchando por un cambio en la composición del futuro parlamento, seguimos reclamando más mujeres electas: mujeres que tengan un discurso global, que apoyen los derechos y el igual bienestar de toda la ciudadanía, hombres y mujeres.
Votamos por las mujeres.
Votamos por aquellas mujeres que no necesitan plegarse al discurso y al rol masculino dominante para ser reconocidas.
Madrid, 27 ene. 15. AmecoPress / Diagonal.

viernes, 16 de enero de 2015

El origen de la palabra “feminista”

Incontables veces, me preguntan: ¿Por qué en lugar de “feminista” no te reivindicas como “humanista” o “igualitarista”? ¿No era que el feminismo era un humanismo? 
SociedadOpiniónHistoriaFeminismoMovimiento feministaMadrid, Jueves 15 de enero de 2015, por Sonia Vaccaro (*)

Madrid, 15 ene. 15. AmecoPress.- Existen dos razones principales.
El movimiento humanista no ha defendido históricamente la igualdad entre varones y mujeres. Muchos humanistas eran también grandes misóginos. Tomemos el ejemplo del iniciador de los Juegos Olímpicos modernos, el francés Pierre de Coubertin. Está asociado en todo el mundo a los ideales de paz y de igualdad supuestamente celebrados por los Juegos.
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En realidad, su concepto de igualdad se limitaba a la igualdad entre los varones: consideraba que los Juegos Olímpicos debían ser vedados a las mujeres, porque su participación sería “no práctica, ininteresante, antiestética e (…) incorrecta”. Los Juegos, pensaba, deben buscar “la exaltación solemne y periódica del atletismo macho con el internacionalismo como base, la lealtad como medio, el arte como marco y el aplauso femenino como recompensa”.
Y sin embargo, todavía hoy en día, se considera a ese misógino como un gran humanista, y muchos estadios, gimnasios, etc., llevan su nombre.
¿Y qué pensar de los masones, estos humanistas destacados, que celebran la libertad, la tolerancia, la justicia social, la paz, pero que en sus estatutos rechazaban a “los siervos y las mujeres”, y entre quienes todavía hoy en día perdura la idea de que las logias no deben ser mixtas?
El humanismo nunca fue ninguna garantía para las mujeres. Hizo falta un movimiento específico de defensa de los derechos de las mujeres para que ellas pudieran ser consideradas ciudadanas y gozar de los mismos derechos que los varones (derecho de votar, de trabajar, de tener una cuenta bancaria. de viajar, de tener o no hijxs, de compartir la patria potestad, de casarse, de divorciar, de tener el mismo salario que ellos, de ser dueñas de su cuerpo, cosas que hoy en día, todavía no están garantizadas).
Entonces sí, el feminismo es un igualitarismo, pero la palabra “feminista” permite visibilizar a las mujeres y su lucha específica, y subrayar el hecho de que son ellas las primeras víctimas del patriarcado. El feminismo lucha por la igualdad entre varones y mujeres, pero esa igualdad se alcanzará cuando se deje de oprimir, maltratar, denigrar a las mujeres, y cuando se acaben con los estereotipos de género que atribuyen a unas y otros cualidades distintas.
Si bien los varones también son “víctimas relativas” del patriarcado, ellos salen favorecidos en la ecuación, aunque les cueste reconocerlo, porque no siempre se sienten favorecidos (evidentemente, existen otras opresiones, de clase, de raza, que los afecta también, y les impiden ver que ante una mujer que esté en las mismas condiciones que ellos, ellos siempre tendrán las de ganar).
Pero hacer de las mujeres el centro de la lucha por la igualdad de género es una manera de recordar que si bien los varones también sufren por el sexismo, las primeras víctimas, a las que liberar en prioridad del yugo patriarcal, son las mujeres.
La otra razón tiene que ver con la historia de la palabra “feminista” ¿Cuál es el origen de la palabra feminista?
La palabra nació en Francia en el siglo XIX. Durante mucho tiempo, se pensó que la palabra había sido inventada por el filósofo socialista (y favorable a la igualdad entre varones y mujeres) Charles Fourier, quien presenció los inicios del movimiento feminista moderno allá por 1830.
Pero al parecer, se trata de un error. En realidad, el término ya se usaba en medicina. Designaba un trastorno de desarrollo en los varones, que afectaba su “virilidad” y les hacía parecer femeninos.
Pero el primero en usar ese término para designar a las mujeres que luchaban por sus derechos fue en realidad el escritor francés Alexandre Dumas hijo. En 1872, publica “El hombre-mujer”, en el que se burlaba: “Las feministas, perdón por el neologismo, dicen: todo lo malo viene del hecho de que no se quiere reconocer que la mujer es igual al varón, que hay que darle la misma educación y los mismos derechos que al varón”.
A partir de ese neologismo, la palabra se difundió como una manera despreciativa de designar a las mujeres que luchaban por sus derechos.
Hubertine Auclert (1848-1914)
Hasta que la sufragista francesa Hubertine Auclert se apropió de la palabra en 1882, del mismo modo que las personas “queer” se apropiaron de ese término, que en un principio era una manera negativa de designar a las personas “raras”.
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Reivindicarme “feminista” es una manera de honrar a todas aquellas que me precedieron, lucharon, sufrieron y a veces murieron por que las mujeres tengan los mismos derechos que los varones.
La gente piensa que los derechos fueron adquiridos por arte de magia, o porque algunos varones fueron muy muy generosos y decidieron, en su inmensa bondad, ceder derechos a las mujeres.
Pues no. Las mujeres consiguieron el derecho de voto luchando, peleando, manifestándose, siendo reprimidas, encarceladas, tildadas de locas, de histéricas, exactamente como se tilda de locas e histéricas a las feministas actuales.
Por todas estas mujeres que me precedieron (como Hubertine Auclert, de quien se recordará el centenario del fallecimiento el 4 de agosto próximo) y gracias a las cuales hoy en día soy una ciudadana que goza de casi los mismos derechos que los varones, me reivindico y me reivindicaré siempre Feminista.
Con mucho orgullo y a mucha honra. Como lo deberían hacer todas las mujeres que hoy, gozan de esos derechos sin siquiera preguntarse gracias a quién, y que luego escupen sobre el feminismo y hasta afirman no necesitarlo.
Algunas fuentes (en francés)
Geneviève Fraisse, “Muse de la raison. Démocratie et exclusion des femmes en France”. Texto completo. http://clio.revues.org/482.
Geneviève Fraisse, “FÉMINISME – Histoire du féminisme”, Encyclopædia Universalis Extracto. http://www.universalis.fr/encyclopedie/feminisme-histoire-du-feminisme/
(*) Red de Profesionales contra la Violencia de Género

jueves, 15 de enero de 2015

El feminismo no asesina

"Y si a ustedes esa situación de desigualdad les parece justa, allá ustedes, pero les recuerdo que el feminismo no asesina. El patriarcado machista sí"
, Martes 13 de enero de 2015, por Teresa Mollá CastellsOntinyent - Valencia, 02 ene. 15. AmecoPress.- Que nadie se alarme por el título de este último artículo del año. Esta madrugada alguien me ha etiquetado en un tuit en el que se hablaba del genocidio del feminismo del siglo XXI.
Me ha dado la risa y la idea de cómo comenzar este último artículo del año. Comenzaré diciendo que, al menos para mí, hay tantos feminismos como personas feministas, puesto que aunque los objetivos son comunes la forma en que cada persona lo vive y lo practica es única.
Precisamente por esta cualidad unas personas feministas lo practican en el ámbito académico, otras en el laboral, otras en el intelectual, otras desde el anonimato militante, otras en las redes sociales y así un largo etc. que nos enreda y fortalece multiplicando el discurso para poder llegar a todos los ámbitos.
En el año que acaba hemos vivido una de las mayores movilizaciones de las mujeres en el Estado Español para frenar la barbaridad que pretendía imponer el ya (afortunadamente) ex-Ministro Gallardón: la reforma de la ley del aborto que nos devolvía a las cavernas en materia de derechos sexuales y reproductivos y sobre el derecho a decidir de las mujeres sobre su propia maternidad y su propio cuerpo. En su momento comenté mi opinión sobre los verdaderos motivos de la dimisión de Gallardón y que no fue únicamente la retirada de la ley que pretendía imponer con el rodillo de su mayoría absoluta en el parlamento.
La movilización sostenida de mujeres de toda clase y condición y la demostración pública de nuestro rechazo visibilizada en la gran manifestación que tuvo lugar en Madrid el 1 de febrero, fue una potente inyección de ánimos para no desfallecer en ningún ámbito y para fortalecernos y retroalimentarnos en nuestras propias convicciones feministas.
La necesidad del feminismo y de todas las personas feministas ya no se puede poner en duda puesto que los objetivos a combatir siguen vigentes. Las desigualdades entre mujeres y hombres en todos los ámbitos no sólo no desaparecen, sino que van aumentando con las medidas que este desgobierno facha está tomando con la excusa de esta estafa llamada crisis. Y, por tanto desde las diferentes militancias que cada cual lleva en su vida, ha de integrar la de la igualdad real entre mujeres y hombres, de lo contrario, esas militancias no me sirven.
No me sirven propuestas de modelos económicos alternativos si no se contemplan medidas específicas de apoyo a las familias para que sobre todo las mujeres, pero también los hombres, podamos conciliar de verdad nuestra vida laboral, familiar y personal. Tampoco me sirven modelos laborales en donde la igualdad sea sólo aparente y no se llegue al origen de las verdaderas desigualdades internas e inherentes a la condición de persona trabajadora. Tampoco me sirven discursos políticos, sean del signo que sean, en donde la igualdad se reduzca a algo de maquillaje para acallar posibles voces discordantes y punto. No, todo eso ya lo hemos vivido en muchas ocasiones.
La traición sistemática e histórica hacia los derechos humanos de las mujeres hace necesaria la militancia feminista en todos los ámbitos de la vida. De ahí la importancia de la suma de las diferentes y legítimas voces feministas de todo signo y condición. No me vale con que sólo las opiniones más consideradas sean las únicas referentes. Hemos de aprender a escuchar las voces de mujeres anónimas que nos dan cada día lecciones de trabajo militante desde su realidad. Y las llamo anónimas porque sus nombres no aparecen en las redes sociales o en las listas de partidos políticos u otro tipo de organizaciones, pero su trabajo de militancia cotidiana les otorga todo mi respeto y admiración.
De mujeres y de hombres, porque el discurso de la necesidad de la igualdad también va calando entre los hombres que ya comienzan a ver que con sistemas igualitarios salimos ganando todas las personas.
Es importante tener personas referentes a las que acudir en algunos momentos, pero considero más importante la observación cotidiana del trabajo continuado de la gente y aprender de ella. Y en ese sentido esta semana leía un artículo que me provocó rabia puesto que al hablar del año que acaba se refería a él como "el año de las mujeres". Lo leí y la decepción dio paso a la rabia. En él se comentaba que había habido más mujeres en todos los ámbitos y todos los nombres que se exponían eran, obviamente, nombres de mujeres conocidas. Incluso el nombre de Malala fue utilizado con ese fin. Y me enfadé, porque el 2014 no ha sido el año de las mujeres en el sentido que pretendía el artículo.
Este año, en todo caso fue el de la manifestación explícita de la necesidad de la lucha feminista para frenar mayores retrocesos en nuestros derechos humanos en todos los aspectos y ámbitos. Fue el año de las mujeres anónimas, de las que salieron a la calle para frenar la reforma de la ley del aborto. Las que se concentran cada mes y cada vez que se nos asesina a una mujer porque el terrorismo machista no se detiene y lo que es peor, cuenta con silencios cómplices de demasiada gente implicada. Silencio por parte de quienes nos desgobiernan que recortan recursos en actuaciones, sensibilización y formación. Con el silencio de los de las faldas largas y negras que con su discurso misógino alientan desde confesionarios y púlpitos a aguantar esas situaciones. Y con el silencio y las actuaciones de algunas gentes de los frufrús que con sentencias muy cuestionables llegan incluso a justificar este tipo de terrorismo que se ha llevado por delante de forma injustificada la vida de más de setenta mujeres. Y estos son sólo algunos silencios, pero hay más, muchos más. Y todo ello sin contar el sufrimiento de las otras víctimas, las mujeres que lo sufren en la intimidad paralizadas por el miedo y por su propia cárcel invisible llamada dependencia emocional.
Dentro de unos días iniciamos un año con varios procesos electorales en los que las diferentes fuerzas políticas nos van a vender de nuevo en sus campañas diversas medidas para "mejorar" la situación. Pero seguramente se olvidarán que la situación no se mejorará si se olvidan de la desigualdad existente de más de la mitad de la población que vive en peores condiciones que la otra mitad. Y para mí eso es fundamental.
El feminismo denuncia esa situación de desigualdad real todavía existente en nuestras sociedades. Y esto es considerado por demasiada gente como un atentado contra el poder establecido que sigue siendo patriarcal y, por supuesto androcéntrico. Por eso hay demasiada gente empeñada en criminalizar la militancia feminista, porque supone un peligro a los privilegios heredados a lo largo de la historia por la mitad de la población. Y esto es injusto desde cualquier punto de vista. O por lo menos para mí lo es.
Y, por supuesto, y a pesar de lo que algunos se empeñen en denunciar, el feminismo no asesina a nadie, porque busca igualar situaciones y desmontar privilegios para que mujeres y hombres salgamos ganando. El temor de quienes nos acusan a las feministas es el de perder su poder sobre las instituciones, comenzando por las familiares y envolverse con la capa del victimismo. Y miren señores troles, eso no cuela. Nos acusan de ser feministas radicales. Pues yo les digo que si el término radical tal y como viene en el diccionario de la RAE y en su primera acepción "es un adjetivo relativo o perteneciente a la raíz", pues sí, somos radicales porque vamos a la raíz del problema para solucionarlo. Y esa raíz se llama patriarcado que conlleva privilegios para la mitad de la población en detrimento de la otra mitad.
Y si a ustedes esa situación de desigualdad les parece justa, allá ustedes, pero les recuerdo que el feminismo no asesina. El patriarcado machista sí.
Esperemos que el año que vamos a comenzar sea rico en cambios que igualen y nos permita seguir enriqueciéndonos con las aportaciones de todo tipo que las personas comprometidas con la igualdad. Y que seamos capaces de echar a este desgobierno por habernos llevado a las mujeres en particular y a la gran mayoría de la sociedad en general a una situación peor de lo que estábamos cuando llegaron.
Feliz 2015 militante.

miércoles, 7 de enero de 2015

Indarkeria matxistari aurre egitea guztion ardura da

Indarkeria matxistari aurre egitea guztion ardura da

Emakumeen kontrako indarkeria matxista aurrean,  berriro ere 
aldarrikatu behar dugu gaitz larri hau jendartetik desagerrarazteko gure esku ditugun bitarteko guztiak erabiliko ditugula.

Hori dela eta, konpromiso aktiboa hartzen dugu eta urte guztiko lanari jarraipena emateko asmoz, gure elkarretaratzeen kanpainari hasiera emango diogu Urtarrilearen 8an, Andra Marin arratsaldeko 20:00etan 

Jakin badakigu herriaren parte-hartzea masiboa ezinezkoa izango dela baina, beste batzuetan bezala,  zuekin egotea guretzat oso garrantzitsua da erantzun bateratua kaleratzeko beharra dugulako, eraso sexistak ez baitira kasu isolatuak, gizarte patriarkal eta matxista honen ondorioa baizik.


Es responsabilidad de toda la sociedad actuar contra la violencia machista
Ante la violencia machista contra las mujeres, de nuevo tenemos que comunicaros que utilizaremos todos los recursos que están en nuestras manos para la erradicación de esta lacra de nuestra sociedad.
Por esta causa, dando continuidad al trabajo que queremos desarrollar durante todo el año, retomamos nuestro compromiso activo de convocatoria de las concentraciones el jueves, día 8 de Enero en el Pórtico de Santa María a las 20:00 horas. 
Somos conscientes que la participación masiva en esta actividad es imposible pero para nosotras es muy importante que, como en otras ocasiones, contar con vuestra presencia porque consideramos que la respuesta tiene que ser unitaria ya que las agresiones sexuales no son casos aislados sino consecuencia de esta sociedad patriarcal y matxista.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Curso de autodefensa feminista

Para niñas y jóvenes a partir de 13 años , 26 y 27 de diciembre, de 10:30 a 14:30  para inscribirse en 946216362 gratuito

jueves, 18 de diciembre de 2014

A propósito del 25 de noviembre. Hombres que odian a las mujeres. Eulàlia Lledó Cunill Doctora en Filología Románica

Desde el primer momento algo me chirrió en la traducción del título del primer libro de la serie Millennium del malogrado Stieg Larsson; después de leerlo, es incomprensible. Se tradujo a más de una y de tres lenguas con una perífrasis: Los hombres que no amaban a las mujeres (2008). Si se tiene en cuenta que en sueco se titula Män som hatar kvinnor, no se entiende que no se optase por una traducción más precisa, literal y sin la necesidad de un «no», es decir, Los hombres que odian a las mujeres. Como si este título fuera demasiado duro e indigerible para los hombres, como si no hubiera ninguno que las odiase. No es por casualidad que existen palabras como «misoginia» o «feminicidio».
O se entiende demasiado bien. Es una sencilla manifestación, un síntoma, de la extrema sensibilidad hacia los hombres y respecto a los derechos masculinos. Hasta el punto de que es dificilísimo que maltratadores probados, confesos y condenados no pierdan el derecho a ver hijas e hijos, aunque sea eminentemente injusto y torturador para las criaturas. El último caso es el de un padre que asesina a sus dos hijas; se le denegaron a la madre las medidas de protección que solicitó.
Prevalece el derecho del padre, aunque hayan sido víctimas y testigos de la violencia paterna, a pesar de que les haya afectado directamente; se obliga a las mujeres a llevar a las criaturas al punto de encuentro, a cruzarse con quien las ha aterrorizado. Poquísimos hombres, poquísimos delincuentes, pierden este derecho.

Por uno de esos sarcasmos que tiene la vida, el papa Francisco intervino en el Parlamento Europeo justamente un 25 de noviembre. Aplaudido y celebrado como un héroe incluso por un sector la izquierda. Así, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, dijo que estaba «en desacuerdo con algunas cosas» -eufemismo digno de Mariano Rajoy, a ver si acabará hablando como la casta-, ni siquiera en desacuerdo en «muchas cosas», como si divergieran en detalles sin importancia: lo que para nosotras debería estar en el centro del centro del círculo, para Iglesias parece ser pura periferia. También afirmó que «Este Papa es útil para la gente de abajo».
En vez de «gente de abajo», puesto que parece que al Papa las mujeres le importan un bledo -cuando habla del aborto, incluso parece que las odia-, podría haber usado directamente el masculino, como hizo Gabilondo con mucha más propiedad en el ditirambo que le dedicó en su matutina prédica en la cadena SER la mañana del 26 de noviembre cuando decía que el papa se afanaba por la «dignidad del hombre».
La Historia se repite, hasta ahora Podemos no ha puesto en el centro de sus propuestas la política de las mujeres, sino que esta última es una breve, y seguramente prescindible, nota a pie de página. Por suerte, Teresa Rodríguez o Pablo Echenique, miembros también de la formación, criticaron al papa; Rodríguez incluso abandonó la sala, cuando Francisco, sin sombra de caridad, osó calificar de asesinas las abortistas. Que esta violencia misógina fuera aplaudida en el hemiciclo Europeo justamente el 25 de noviembre pone los pelos de punta.
La Iglesia Católica, en una violenta maniobra asfixiante y exenta de toda compasión, también está en contra de los anticonceptivos. O casi. Las únicas víctimas a quien autoriza tomarlos son monjas. No siempre por miedo a la violación enemiga en zonas de conflicto (y las que no son monjas, que apechuguen: ni anticonceptivos, ni gota de piedad), sino para prevenir que los curas y misioneros que las violan sistemáticamente hayan de abordar una posible paternidad; para borrar la prueba del delito. Especialmente en África, misioneros y curas, para esquivar el peligro del SIDA y otras enfermedades, en vez de violar autóctonas, violan monjas que dependen jerárquicamente de ellos (ya se sabe la gran estima que tiene la Iglesia Católica por la sumisión siempre que las sometidas sean las mujeres). Como mínimo ha pasado en veintitrés países, y hay comunidades de monjas donde todas fueron violadas y embarazadas.
Por cierto, ¿cuántas noticias relacionadas con estos casos han leído? ¿Eran conscientes de estos crímenes, de este tipo de machismo, de esta forma de violencia contra las mujeres? Ahora que parece que la Iglesia Católica ha empezado por fin a emprender actuaciones contra los violadores de hombres, en vez de perder el tiempo intentando restringir cada vez más el derecho al propio cuerpo de las mujeres, su santidad tiene una oportunidad de oro de mostrar que ahora va en serio y actuar con el máximo rigor contra los violadores de mujeres. Amén. Entonces podrán decir que están por los derechos humanos, a favor de la dignidad de los seres humanos.
Doctora en Filología Románica

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿Monotemáticas? No, ¿Reivindicativas? Si

"El machismo se camufla cada vez más y utiliza nuevas formas convirtiéndose en demasiados casos en neomachismo"


Ontinyent – Valencia, 15 dic. 14. AmecoPress.-   por Teresa Mollá Castells
El pasado viernes en una reunión de amigas feministas en Madrid mientras charlábamos animadamente sobre los feminismos, los retos que estos tienen y cómo lo veíamos cada una de nosotras, surgió la pregunta sobre si nuestros discursos son monotemáticos y por tanto pueden ser pesados y perder fuerza para quienes nos escuchan. Las respuestas fueron más o menos las mismas por parte de todas las presentes. No, no somos monotemáticas porque las soluciones a las desigualdades que sufrimos las mujeres no se han resuelto, ni mucho menos.

El machismo se camufla cada vez más y utiliza nuevas formas convirtiéndose en demasiados casos en neomachismo. Y este, el neomachismo, parte de posiciones próximas al feminismo en cuestiones sólo aparentes para renovar sus formas de mantener privilegios que son la base de las desigualdades.
Cuando escuchamos de un hombre la manida frase "No, yo no soy machista, pero..." estamos ante un neomachista, puesto que suelen continuar la frase con un "porque ayudo a mi mujer con las tareas de la casa, saco de paseo a los niños para que no la mareen mientras limpia la casa, o prepara la comida, etc." y cuando le explicas que no se trata de "ayudar" sino de COMPARTIR, es cuando saltan y te dicen aquello de "es que sois unas pesadas con esos temas, siempre estáis igual. Si ya tenéis más poder que los hombres. Ya estáis en todas partes. No entiendo qué queréis ahora. Vuestro discurso de feministas radicales es aburrido." Y así una larga retahíla de frases que podría acabar con la paciencia de cualquiera. Pero no con la nuestra, con la de quienes tenemos compromiso feminista.
Cuando no se viven en propia piel las desigualdades y sólo se goza de privilegios se tiende a culpar explícitamente a quien supone un peligro para el mantenimiento de esos privilegios. Y por supuesto el feminismo en sí mismo cuestiona el orden establecido, ya que el mismo establece desigualdades claras y evidentes entre mujeres y hombres, por tanto atenta contra el mantenimiento de ese esquema de valores que mantiene privilegios para hombres y sometimiento para las mujeres. Y esto obviamente no gusta al patriarcado.
El permanente discurso criminalizador del feminismo por parte del patriarcado no es nuevo. Las formas cambian pero la esencia permanece. El patriarcado no va a renunciar al poder heredado gracias a los privilegios que la historia les ha otorgado y va a intentar eliminar cualquier peligro que suponga la renuncia a ese poder. Y el feminismo lo es.
La parte simbólica que se transmite a través de los potentes y eficaces (para el patriarcado, claro) agentes socializadores está repleta de mensajes segregadores y sexistas que a veces parecen incuestionables. Pero no lo son. Y de nuevo al ser cuestionados por el feminismo aparecen los discursos de antes sobre si somos cansinas o monotemáticas, etc.
Se intenta desprestigiar al feminismo no sólo desde las filas masculinas sino también por parte de muchas mujeres. No es raro escuchar de parte de algunas aquello de "Es que yo no me siento ni creo estar discriminada como vosotras afirmáis". Esta alianza de mujeres con el patriarcado es una de las mejores bazas del machismo, puesto que no en vano históricamente se nos ha asignado, junto con los cuidados la tarea de la transmisión de los conocimientos y de los valores aprendidos y por eso a veces también hemos de escuchar aquello tan manido de "sois las mujeres quienes educáis en el machismo a los hombres, las que son machistas sois vosotras". Hay que fastidiarse con el mensaje misógino y patriarcal que rezuma esta frase!!!
Las estructuras patriarcales han funcionado históricamente porque han sido capaces de heteronormativizar las vidas de las personas en función de su sexo de nacimiento. A los niños se les han inculcado una serie de valores y a las niñas otros. Y, por supuesto con la complicidad total de los agentes socializadores (familia, escuela, religiones, medios de comunicación, etc.) que no sólo no cuestionan esta heteronormatividad impuesta, sino que además la refuerzan incluso con algunos cambios para hacer bueno aquello "cambiar algo para que nada cambie" y así mantener las cosas como están y al varón como centro universal, como destinatario de todo, incluso del lenguaje y también como protagonista casi absoluto en los libros de historia y también en los de texto de nuestra gente estudiante en todos los niveles.
En este estado de cosas, desde casi siempre, ha habido gentes, sobre todo mujeres, que nos hemos cuestionado ese modelo que se nos impone. Y, por supuesto lo vamos combatiendo en la medida de lo posible de cada una e incuso de cada uno, puesto que aunque mayoritariamente somos las mujeres quienes alzamos la voz, cada día son más los compañeros de complicidades y afinidades que se unen a los diferentes feminismos, puesto que entienden que en un sistema segregador, perdemos todas las personas, mientras que en un sistema más igualitario también somos todas las personas las que salimos ganando.
Desde esa perspectiva combativa, alzamos la voz cada vez que una mujer es asesinada por ser mujer y denunciamos públicamente el terrorismo machista. Y se hace una y mil veces, las que hagan falta para hacer visibles los asesinatos del machismo. Denunciamos campañas de publicidad sexistas en donde las mujeres son cosificadas con el objetivo de aumentar ventas de productos que mantienen el sexismo. Iniciamos cuántas campañas sean necesarias para que nuestra voz llegue a Parlamentos, Ayuntamientos, etc. en la misma situación y proporción que la de los hombres.
Denunciamos presupuestos que no tienen en cuenta las necesidades de mujeres en demasiados sentidos. Incidimos cada vez que podemos sobre las desigualdades en el mundo laboral, tanto en el acceso como en los salarios, como en las condiciones o el la tipología de contratos que se realizan. O también analizamos los datos que se facilitan del desempleo y vemos la situación de las mujeres. O nos movilizamos cuando quieren devolvernos a las cavernas en materia de derecho a decidir sobre nuestras maternidades y sobre nuestros propios cuerpos. Y así en un sinfín de situaciones de desigualdad que parten incluso antes del nacimiento de una criatura.
Esa denuncia combativa permanente es por lo que nos llaman cansinas y monotemáticas. Pues muy bien, para quien así piense, recordarle que sin las reivindicaciones de nuestras antepasadas y referentes, por ejemplo las Sufragistas, las mujeres seguiríamos posiblemente, sin derecho al voto y que sólo desde las reivindicaciones cotidianas y continuas es posible cambiar las cosas.
Somos reivindicativas porque el patriarcado y todos sus aliados imponen desigualdades y hay que denunciarlo. Somos combativas porque nos siguen asesinando por ser mujeres y el patriarcado y sus estructuras de poder miran hacia otro lado como se acaba de demostrar con los heridos y el muerto por temas futboleros, siendo ya setenta las mujeres asesinadas por el terrorismo machista. Alzamos la voz, porque en las escuelas, el modelo impuesto es el de mantener las cosas como están y por tanto que las niñas no puedan ocupar el patio de forma igualitaria ya que el centro de este es ocupado por los niños que juegan al fútbol. Somos críticas con las organizaciones de todo tipo porque cuando hablan de intereses generales, en realidad lo que están afirmando es que esos intereses son los masculinos y no los del conjunto de la sociedad, pese a que las mujeres somos más de la mitad de la población. Seguimos denunciando desigualdades porque siguen existiendo en todo el mundo y, las mujeres y las niñas nos llevamos la peor parte siempre. Y mientras todo esto siga ocurriendo seguiremos reivindicativas y combativas.
Antes se secarán la boca quienes nos llaman cansinas o monotemáticas que nosotras las feministas, solas o en grupos, las de antes, las predecesoras, las de ahora o las que vienen detrás, cejemos en nuestro empeño y alcemos nuestras voces en contra del patriarcado y de las profundas desigualdades que todavía siguen existiendo y que seguimos viviendo cada día. Porque mientras los derechos de una sola mujer o niña sean vulnerados, seguiremos denunciándolo. Porque ser feminista es precisamente eso luchar por una igualdad real entre mujeres y hombres.
Porque ser feminista es, aparte de un orgullo, un compromiso para que la sociedad y las estructuras, todas, cambien en aras de un presente y un futuro mejor para hombres y mujeres. Porque con la igualdad ganamos todas y todos.
Soy y seré feminista y quienes son realmente personas monotemáticas y pesadas son quienes defienden la desigualdad. Yo me tengo por comprometida con un cambio para igualar derechos y oportunidades de forma real entre mujeres y hombres. Y en ello ando. ¿Te apuntas?.


15 dic. 14. AmecoPress.