jueves, 30 de enero de 2014

La crisis silencia los malos tratos

Las denuncias por violencia machista caen un 12% en Cataluña desde 2009

Los expertos avisan que solo una de cada cinco mujeres solicita ayuda

La primera agresión que sufrió Sofía, nombre ficticio para preservar su anonimato, fue a los seis meses de casarse. Su marido le tiró un plato a la cabeza por no tener la comida preparada cuando él llegó a casa. “En ese momento estás enamorada y lo dejas pasar”, confiesa. Y así durante 20 años más. Desprecios, insultos, golpes y algún empujón por las escaleras. Hace apenas un año, tras amenazarla de muerte con un cuchillo delante de sus hijos, Sofía decidió al fin denunciar a su pareja por malos tratos. “Tardé tanto tiempo por miedo a lo desconocido, porque estaba sin trabajo y tenía dos niños que mantener. Me iba a quedar con una mano delante y otra detrás”, confiesa.
El temor a no salir adelante solas, la dependencia económica de sus parejas, el desempleo o la falta de recursos debido a la crisis económica, perpetúan, según los expertos, el silencio entre las víctimas de malos tratos. Según los datos de la Unidad de Apoyo a la Atención de Víctimas de la Generalitat de Cataluña, las denuncias por violencia machista en el ámbito de la pareja han caído un 12% desde 2009. Los profesionales que trabajan contra el fenómeno advierten, además, de que las denuncias solo visibilizan al 20% de las mujeres maltratadas. El otro 80% permanece en silencio, invisible.
Sofía aguantaba, temerosa por incertidumbre económica con la que se iba a topar. Ella no tenía nada. Su marido llevaba el dinero a casa y controlaba cada céntimo que la mujer gastaba. “Me preguntaba dónde iba a ir y qué iba a hacer si no tenía nada. Con esa situación aguantas. Aguantas hasta que te juegas la vida”, reflexiona. Los profesionales calculan que una víctima de malos tratos tarda alrededor de 10 años en denunciar a su pareja, una media que se prolonga más en el tiempo cuando hay dificultades económicas de por medio.
“La pérdida de ingresos o la falta de trabajo crean una conflictividad contenida en la pareja y son un caldo de cultivo para aumentar las tensiones. Pero al mismo tiempo favorecen una tendencia a la baja en las denuncias por malos tratos ya que la falta de recursos, por ejemplo, no permite a la gente independizarse y acaba siendo un freno para denunciar”, explica Àngels Vila, jefa de seguridad de la Unidad de Apoyo a la Atención a Víctimas. En 2013, su departamento registró 12.398 denuncias, un 5% menos que en 2012.
“Tardé porque estaba sin trabajo y con dos niños”, dice una víctima
La presidenta del Instituto Catalán de las Mujeres (ICD), Montse Gatell, considera que “no ha habido un descenso estructural” en el número de denuncias, pero reconoce que la precariedad en la que están inmersas las parejas afecta a las estructuras familiares: “Cuantas menos posibilidades vean de salida, menos posibilidades habrá de que la mujer actúe”. El teléfono de atención a víctimas de violencia machista (900.900.120), dependiente del ICD, también registró en 2013 un descenso del 8,45% en las llamadas con respecto al año anterior. Gatell achaca este hecho a que “se han abierto nuevos servicios de atención a víctimas por todo el territorio catalán y se ha dispersado más la atención”.
El último informe sobre violencia de género y empleo de la Fundación Adecco señala, por su parte, que el 90% de las mujeres catalanas atendidas en sus dependencias cree que la crisis supone un freno para denunciar.
“Antes, las justificaciones que te daban para no denunciar eran de carácter sentimental, por los hijos, y económico, porque esto conlleva vivir con cargas familiares. Pero ahora esta situación se agrava más porque la mayoría ha perdido el empleo”, explica Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco. El 67% de las mujeres catalanas que han atendido no tenía trabajo en el momento de sufrir malos tratos. “El empleo es la mejor arma de lucha contra la violencia de género”, concluye Mesonero.
Pero la crisis no es el único factor que hace disminuir el número de denuncias. A ello se le suma, según los expertos, problemas estructurales que todavía acompañan la violencia machista. “El propio fenómeno comporta mucha invisibilidad porque incluso las víctimas tienen dificultad para identificar que están sufriendo violencia”, explica Gatell. “Todavía no se cree que esto sea un fenómeno social, si no familiar, por lo que debe solucionarse entre la pareja”, añade.
La consejera Neus Munté admite que “algo falla” en el sistema judicial
La portavoz de la Plataforma Unitaria contra las Violencias de Género, Montserrat Vila Planas, va más allá y asegura que la atención jurídica y las resoluciones judiciales no ayudan a visibilizar el problema. “La atención en los juzgados está muy por debajo de lo que debería. Falta mucha formación en la gente que trata con las víctimas”, protesta. Vila Planas apunta, además, que la “escasa” concesión de órdenes de alejamiento desmoraliza a las víctimas. “En Cataluña, cada vez se conceden menos órdenes de alejamiento. Sólo se dan el 37% de las que se solicitan. La mayoría de las mujeres que la piden se van a casa sin ella y esto refuerza al maltratador”. De hecho, la propia consejera de Bienestar Social, Neus Munté, reconoció que “algo falla” en el sistema judicial catalán cuando su tasa de órdenes de alejamiento es mucho más baja que la de otras comunidades.
La portavoz del colectivo contra la violencia de género desmiente también “el mito” de las denuncias falsas: “Según el Consejo General del Poder Judicial, solo son el 0,01% de las denuncias que se registran. Denuncias falsas hay en todos los ámbitos, pero no se puede minimizar una pelea, porque cada mes hay asesinatos y todas las agresiones empezaron con una riña sin importancia”.
Sofía comparte las críticas por la falta de formación y escasa sensibilización de los actores que intervienen tras interponer la denuncia. Armada con un parte de lesiones, un informe forense que certificaba las marcas que le dejó su marido al agarrarla por el cuello y el testimonio de 20 años de malos tratos, la mujer no convenció a los jueces. Su marido fue absuelto y se anuló la orden de alejamiento. Lo mismo sucedió con las otras 10 mujeres maltratadas del grupo de apoyo al que acudió. “La justicia no se ha portado, ni la penal ni la civil. Mi expareja me insulta cuando me ve por la calle. E incluso me llegó a decir que si me acuesto con él, me pagará la hipoteca de la casa. Ahora que salió absuelto, se ha crecido. No es justo”, concluye.

26/01/2014 Vía El País

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